Archive for the ‘Mi lado espiritual’ Category

Sosteneos firmes

“[…] Sosteneos firmes, santos de Dios, y aguantad un poco más; entonces pasarán las tormentas de la vida y recibiréis vuestro galardón de ese Dios cuyos siervos sois, y quien debidamente aprecia todos vuestros afanes y aflicciones por el amor de Cristo y del evangelio. Vuestros nombres serán conocidos entre las futuras generaciones como santos de Dios y hombres virtuosos.”

Fuente: página 222, Enseñanzas del Profeta José Smith (Compilación de José Fielding Smith). Copyright 1954 By the Corporation of the President of the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints

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Una rosa roja

Otro relato aportado por mi buena amiga Noelia Sánchez; que mas decir, a disfrutarlo:

Una rosa roja

Era una vez, en un reino muy lejano una hermosa princesa. Toda su vida, ella andaba por los bellos campos de su reino y admiraba la gran belleza que la rodeaba. Le encantaba la naturaleza, especialmente las rosas. Por todos lados ella encontraba lindas rosas blancas, pero lo que más deseaba era una rosa roja. Entonces cuando llegó a la edad de casarse, fue anunciada que ella se casaría con el hombre que le trajera una rosa roja.

Al escuchar el anuncio, todos lo hombres del reino empezaron a buscar diligentemente una rosa roja. Pero, pasaron los días, semanas, meses y nadie encontraba una rosa roja. Y uno por uno, todos los hombres abandonaron la búsqueda; todos, excepto uno. Éste era un hombre joven y de humilde posición, pero la amaba desesperadamente a la princesa. Él buscaba meticulosamente por todos los campos y bosques del reino. Lo acompañaba su fiel amigo, el picaflor. El picaflor observó la tremenda búsqueda de su amigo, y vio que poco a poco, perdía su ánimo y esperanza, y empezó a deprimirse. Y cuando el picaflor, con todos sus esfuerzos, no pudo reanimarlo, él efectuó su plan.

El hombre joven se durmió esa noche, y el picaflor aleteó al jardín de al lado. Sintiéndose muy triste y cargado, pero firme en su determinación de ayudar a su amigo, el picaflor eligió la rosa más perfecta, bella y blanca, y volando con toda su fuerza se pinchó con una espina, la cual le abrió el corazón. Su fuerza se le estaba yendo rápido, pero se cernía arriba de la rosa hasta que, gota a gota, la manchó con su propia sangre y quedó un rojo brillante y glorioso.

Antes del amanecer, el hombre joven se levantó de un sueño intermitente, y según su costumbre, pasó al jardín un rato. Casi inmediatamente, vio la rosa roja y se fue para buscar a la princesa. Pero, en el camino, se encontró con un cuervo, muy brillante y negro. Al irse por el camino con el hombre joven, el cuervo empezó a burlarse del hombre joven y su rosa roja, diciéndole con escarnio que por su pobreza y humilde posición, la princesa lo rechazaría, aún con la rosa roja. Y así fue, que el hombre joven escuchó al cuervo, y en frustración y temor del rechazo, tiró la preciosa rosa roja y desistió.

El hombre joven fue engañado por la sabiduría del mundo que le decía el malvado cuervo -Satanás-. No entendió que su fiel amigo, el picaflor -Jesucristo-, había dado su vida para prepararle la rosa roja -La Expiación-. Tampoco entendió que la princesa -Nuestro Padre Celestial-, verdaderamente lo amaba y lo habría aceptado, si él hubiera perseverado hasta el fin, y le hubiera traído la rosa roja.

Tu eres el hombre joven.

¿Qué harás con tu rosa roja?”

Por información: http://www.mormon.org/spa

Cicatrices del alma…

En esta oportunidad, toca deleitarme al publicar otro relato…

Esta vez, llega de la mano de mi amiga Noelia Sánchez.

Permítanme sugerir que sea leído en un momento de calma y reflexión que se pueda tener; de esa forma, el mensaje transmitido será percibido más intensamente…

Cicatrices del alma…

En un día calurosos de verano en el sur de Florida, un niño decidió ir a nadar en la laguna detrás de su casa. Salió corriendo por la puerta trasera, se tiró en el agua y nadaba feliz.

Su mamá desde la casa lo miraba por la ventana, y vio con horror lo que sucedía.
Enseguida corrió hacia su hijo gritándole lo más fuerte que podía.

Oyéndole el niño se alarmó y miró nadando hacia su mamá.

Pero fue demasiado tarde. Desde el muelle la mamá agarró al niño por sus brazos justo cuando el caimán le agarraba sus piernitas.

La mujer jalaba determinada, con toda la fuerza de su corazón. El cocodrilo era más fuerte, pero la mamá era mucho más apasionada y su amor no la abandonaba.

Un señor que escuchó los gritos se apresuró hacia el lugar con una pistola y mató al cocodrilo. El niño sobrevivió y, aunque sus piernas sufrieron bastante, aún puedo llegar a caminar.

Cuando salió del trauma, un periodista le preguntó al niño si le quería enseñar las cicatrices de sus piernas. El niño levantó la colcha y se las mostró. Pero entonces, con gran orgullo se remangó las mangas y dijo:
“Pero las que usted debe ver son éstas.” Eran las marcas de las uñas de su mamá que habían presionado con fuerza. “Las tengo porque mamá no me soltó y me salvó la vida.”

Moraleja:

Nosotros también tenemos cicatrices de un pasado doloroso. Algunas son causadas por nuestros pecados, pero algunas son las huella de Dios que nos ha sostenido con fuerza para que no caigamos en las garras del mal.

Dios te bendiga siempre, y recuerda, que si te ha dolido alguna vez el alma, es porque Dios te ha agarrado demasiado fuerte para que no caigas.

Ahora tienes dos opciones: olvidar este mensaje o compartirlo con tus amigos.

Recuerda que si te avergüenzas de Dios, él también se avergonzará de ti…

Por información: http://www.mormon.org/spa

Mi Amigo…

Este post es especial, ya que fue redactado en mi vigésimo quinto cumpleaños y luego de haber experimentado en estos últimos tiempos jornadas de nuevos progresos y de entendimiento espiritual…

Es por eso que hago llegar al ciberespacio un relato gentileza de mi nueva amiga, Virginia Sánchez, a quien le fue dada por una misionera, la Hermana Álvarez.

Sin más, paso a transcribir:

Mi Amigo…

Mi amigo, estoy en el juicio final y
siento que tú eres culpable en parte.
En el mundo yo caminé contigo día tras día y
nunca me mostraste el camino.

Conocías al Señor en verdad y gloria,
pero nunca me contaste la historia.
Mi conocimiento era muy limitado,
podrías haberme dirigido a Él.

Aunque vivimos juntos en el mundo,
nunca me contaste cómo nacer de nuevo.
Ahora estoy aquí condenado en este día
porque te olvidaste de contarme de Él.

Me enseñaste muchas cosas, esto es verdad,
te llamaba mi amigo y confiaba en ti,
pero aprendí que ya es demasiado tarde,
podrías haberme rescatado de esta condenación.

Caminábamos juntos durante el día y
hablamos por la noche y
aun así nunca me mostraste la luz.
Me dejaste vivir, amar, morir y
sabías que jamás yo viviría con Él.

Si, te decía amigo en vida y confiaba en ti,
en gozo y angustia, pero al llegar al final,
no te puedo llamar amigo.”

Por información: http://mormon.org/mormonorg/spa/